miércoles, 18 de febrero de 2009

Maria Antonieta, la Jacobina de la moda parisina

Si nos preguntan por la Reina Maria Antonieta, todos evocamos una figura absolutista, mimada, frívola e inmadura. De no ser por su dramático fin en manos de la burocracia diplomática (comúnmente conocida como guillotina) sería uno de los personajes más odiados de la historia, pero la historia la escriben los ganadores… Maria Antonieta fue una mujer entera, fuerte, y rebelde. Creadora del concepto de moda, sus maneras y vestidos fueron copiados y envidiados hasta la saciedad. Hagamos un repaso por su corta pero intensa vida.
Nacida en 1755, en la Corte de los Habsburgo, Maria Antonieta vivió una infancia feliz y despreocupada alejada de las rígidas normas del protocolo. A los 15 años, fue casada con el Delfín Luís, nieto de Luís XV. La parafernalia que rodeó todo el proceso de la boda (incluida su renuncia a su tierra) fue vivida por ella con dolor y resignación. Tras una boda de 9 días, descubrió que su marido tenía bastante más interés en los rezos que en ella y que estaba rodeada por mujeres cuyo único fin era convertirla en una desgraciada .Haciendo gala de su aguante y educación real, se sobrepuso a las circunstancias y empleó su forma de vestir y peinarse como un ataque constante, irónico y sutil a todo aquello que la rodeaba.
Recién llegada a la corte francesa y bajo el acecho de su “consejera en protocolo”, la Condesa de Noailles, decide aprender a montar a caballo a horcajadas y vistiendo como un hombre. La corte consternada no supo ver en ello más que un estrambótico detalle sin percibir la rebeldía que bullía en el corazón de aquella adolescente. Sus frecuentes baños ( el aseo en la Corte francesa brillaba por su ausencia) y el abandono de los corsés fueron un símbolo de liberación en aquel agobiante entorno.
A pesar de ser guillotinada por personificar el exceso y abuso de las monarquías absolutistas fue una Reina amable con las clases más bajas. Prueba de ello es que su modista, Rose Bertin y su peluquero eran los únicos autorizados a entrar en sus habitaciones a diferencia de otras damas de compañía pertenecientes a la nobleza. Jamás discriminó a nadie por su origen burgués y empleó los colores para acercarse a dicha clase social, dejó de lado el rojo para emplear colores más “campesinos” como los pasteles, beiges y grises.
Tal era el poco interés de Luís XVI en su esposa que incluso accedió a construirle un palacio en el recinto de Versailles, Le Petit Trianon. Aquello supuso una brisa de aire nuevo para Maria Antonieta que aprovechó para organizar fiestas de máscaras semanales, vestirse a su antojo con holgadas túnicas e imponer el protocolo de la libertad y la sencillez. El Petit Trianon, fue morada de flores, alegría, fiestas y banquetes más allá del obsoleto protocolo francés.
Sus comentadas amistades con personalidades estrambóticas como El Caballero D’Eón (famoso espía conocido por su gusto por el travestismo), le granjearon más de un problema entre la nobleza, unido por supuesto a su relación más que familiar con individuos burgueses. Los desmesurados gastos en ropa, peinados y fiestas hicieron lo propio entre el pueblo. Jamás repitió un vestido, gastó toneladas de harina (ingrediente esencial del pan, alimento básico del tercer pueblo) en sus peinados e incluso llegó a arruinar el mercado de la seda al optar por tejidos mas “rurales” como el algodón. De ella se ha dicho que vivió alejada de la situación de pobreza de su pueblo, nada más lejos de la realidad. En épocas de crisis remendó sus vestidos, suprimió sus fiestas y ahorró dinero de las arcas del Estado. El paso de los siglos ha ido dejando estos actos en el tintero y resaltando su lado más egoísta.
Maria Antonieta fue una niña de su tiempo que reflejó su sufrimiento y rebeldía interior revolucionando el mundo de la moda y pasando un plumero por el empolvado protocolo galo. La Revolución francesa se llevó a miles de inocentes, entre ellos a esta Reina que no supo ver lo que se le venía encima.
Por Cristina Hernández.-

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