miércoles, 18 de febrero de 2009

Real Decreto 2099/1983, ¿pasado o presente?

Todos conocemos este Real Decreto como “La Biblia del Protocolo de Estado en España”. La cuestión no es discutir acerca de la necesidad de normativizar o no la ordenación de cargos en actos oficiales puesto que todos sabemos lo útil que resulta para evitar situaciones desagradables. El Real Decreto no es más que una herramienta a la que poder acudir en caso de duda y sobre la que basar “científicamente” nuestras decisiones en la colocación de personalidades. Ahora bien, el protocolo, como la sociedad, es algo vivo, cambiante, así pues, nuestra misión va a ser determinar hasta qué punto este Decreto atiende a las necesidades de una sociedad que ha sufrido innumerables cambios desde que se promulgó en 1983.

El Protocolo oficial en España goza de una salud envidiable en comparación con otras países europeos pero no podemos dejarnos llevar por las comparaciones, como dice el sabio refranero español, “mal de unos, consuelo de tontos”. Contamos con una normativa bastante abierta y flexible que permite dar soluciones prácticas a problemas actuales, igualmente tenemos que resaltar que ni siquiera las leyes de Código Penal contemplan todas las posibilidades, resultaría imposible tener presente toda la combinación de cargos que pueden asistir a un Acto Oficial. Precisamente de este hecho deriva la problemática del Real Decreto, algunos temas como la colocación de banderas y símbolos no pueden dejarse a la libre interpretación de los organizadores es por esto que defendemos una remodelación del Decreto 2099 pero sólo en determinadas materias.
Veamos algunos ejemplos de las “grietas” de este documento. Por un lado, destacaríamos el hecho de que no existe una normativa clara respecto al papel de las autonomías. Su creciente poder en ocasiones genera situaciones tensas, éstas no pueden pretender equipararse a las más altas instituciones del Estado. La proliferación de reglamentos que atañen a ámbitos regionales y locales, que contradicen nuestro decreto, deriva en absurdas paradojas. Por otro lado, la cuestión de los tratamientos es excesivamente permisiva, abierta y poco clara ¿Cómo es posible que un Secretario de Estado como tal no tenga tratamiento pero si forma parte del Consejo de Estado se le trate de Excelentísimo? La situación de igualdad que vive la sociedad española terminará exigiendo que todos seamos tratados de excelentísimos. El Gobierno ya se está planteando la supresión de este apartado. Dada la importancia de las relaciones internacionales hoy en día, no se puede consentir que a un embajador no se le permita asistir a actos oficiales en representación de su país o no tenga sitio en el Cuerpo Diplomático por que está esperando a poder entregar las Credenciales a Su Majestad.
Desde esta revista, alzamos la voz para pedir, no una remodelación total del Decreto, sino más bien una unificación de las normas, un acuerdo con las directrices que están surgiendo en los ámbitos autonómicos y un acercamiento a la realidad social y las necesidades de los españoles. Como hemos dicho en otras ocasiones, el protocolo es un fiel sirviente de la sociedad y su leal compañero desde tiempos inmemoriales, es por ello que deben caminar juntos a lo largo de los siglos.
Por Cristina Hernández.-

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