martes, 3 de marzo de 2009

El protocolo: fiel compañero del ser humano.

Desde el nacimiento del hombre, cuando éste habitaba las cuevas, ya existía todo un ceremonial en ellas. Las distintas familias se agrupaban en torno a su hoguera, y en señal de respeto, cuando otros llegaban, procuraban no mirarles a los ojos con el fin de preservar su privacidad. El protocolo, al igual que las civilizaciones humanas ha ido haciéndose más complejo con el paso de los siglos, pero siempre de la mano del hombre, creciendo y desarrollándose con él para suplir todas sus necesidades sociales.

Podemos fechar el nacimiento de un protocolo documentado con la aparición de las primeras ciudades en el 3000 a.C., gracias a las Civilizaciones del Tigris y el Éufrates. Un vaso de cerámica localizado en Uruk, datado en esta época, muestra en sus relieves una procesión religiosa distinguiendo un perfecto orden de jerarquías. El famoso Código de Hammurabi no es más que la plasmación de las distintas formas de comportamiento ante el soberano, con otros reinos (incipiente diplomacia), ante los funcionarios y entre el pueblo llano. Podemos incluso decir que contiene nociones propiamente protocolarias como el ceremonial de coronación o el orden de precedencias.

Egipto, por su parte no se quedó atrás y elaboró todo un compendio de normas de comportamiento. El faraón era un Dios, por lo que parece indispensable informar sobre cómo tratarle y venerarle. Las castas sacerdotales siguieron, durante siglos, complejos rituales basados en normas muy estrictas e inviolables. La cosmovisión egipcia otorga un papel esencial a la muerte que se plasma en la vida terrena con toda una serie de ritos funerarios perfectamente organizados.
Otra de las culturas milenarias que podemos destacar es la china. Con un orden social inamovible, el emperador adquiere un papel similar al del faraón egipcio. La sociedad otorgaba gran importancia a los ritos. Contaban con un “Ministerio”, denominado el “Tribunal de los Ritos” que era el encargado de organizar todas las ceremonias públicas, cortesanas y religiosas con el fin de salvaguardar las tradiciones. Para ellos, aquel que respeta las tradiciones y por tanto su protocolo se ennoblece y demuestra su capacidad de vivir en sociedad.
Más cercanos a nosotros en el tiempo y en la cultura resaltaremos a Grecia y Roma ( y por ende el Imperio Bizantino). Grecia, jamás fue un estado como tal, sino una confederación de polis o ciudades-estado. Ello supuso la creación de toda una serie de normas de convivencia para su supervivencia. Podemos decir que fueron, si no los padres, los tutores de la diplomacia actual. Su rica mitología dio lugar a verdaderos ritos esotéricos perfectamente controlados por las sacerdotisas o sacerdotes de cada templo. Roma por su parte, aunque heredera de Grecia, cuenta con una organización política diferente. Su gran extensión precisa de numerosas normas protocolarias que aparecen con el fin de dejar claro el poderío romano y evitar revueltas. Padres del Derecho Romano, fueron grandes defensores de los augures o adivinos y su ceremonial, unas entrañas leídas sin rito no valían nada. En la época del Imperio se enfatizó la figura del Emperador y fueron los primeros en llevar a cabo una labor de Relaciones Públicas para potenciar su imagen.

La Edad Media es un momento caracterizado por un fuerte teocentrismo y monarquías absolutistas. La jerarquía eclesiástica se centra en un orden de precedencias que se mantiene hoy en día. La elección de un nuevo Papa sigue un estricto protocolo que los siglos nos han conseguido cambiar. Por otro lado, los monarcas necesitaban afianzar su poder y dominio. La mejor manera de hacerlo era establecer rígidas formas de comportamiento que se aplicaban en la corte , así dejaban claro que ellos no eran el pueblo llano. El protocolo real más internacional es el Protocolo Borgoñón, importado a España por Felipe El hermoso en el s.XV, de ahí que se le denomine protocolo español. Por aquel entonces, nuestro protocolo era excesivamente austero e impositivo. Borgoña trajo la fastuosidad. Con los años, las monarquías absolutas van haciendo de las normas de la corte todo un complejo entramado casi imposible de cumplir en su totalidad, véase el ejemplo Francés y la incapacidad de Maria Antonieta de hacer nada sin su asesora, apodada Mme Etiquette.

El nacimiento de las democracias trajo la igualdad de clases y con ello toda una reforma del protocolo, adaptándose a los nuevos tiempos. La historia del protocolo es tan extensa como la del ser humano, imposible de narrar si quiera en todos los libros del mundo. Cada país, cada sociedad, cada cultura, elabora unas normas de protocolo acorde a sus necesidades de organización social. Podemos decir entonces, que el protocolo siempre ha ido de la mano del hombre reinventándose y renaciendo para serle útil.
Por Cristina Hernández.-

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