martes, 3 de marzo de 2009

¡Si las manos hablaran!: Guía para conocer nuestro lenguaje no verbal.

Una pareja abrazándose en un parque, una madre meciendo a su hijo recién nacido, la chica de la barra frunciendo los labios, un hombre mordiéndose las uñas, el gesto de una mujer mirándose en el espejo…
Se sabe que el 90% de lo que expresamos los seres humanos no lo hacemos con palabras, sino con posturas, miradas, gestos o muecas. El lenguaje corporal dice más de nosotros que nosotros mismos.

Postura

La postura que pone una persona es lo primero que percibimos de ella, por lo que debemos adecuarnos a la situación. En primer lugar, hay que tener en cuenta que mantener el torso erguido evitará dar una sensación de abandono o aburrimiento. Además, los seres humanos pensamos inconscientemente que la estatura está directamente relacionada con la superioridad, por lo que permanecer recto nos comunicará armonía y elegancia.

A la hora de sentarse es muy importante tener en cuenta que hay que hacerlo lentamente y con cuidado (no desplomándonos) y mantener las piernas siempre juntas para evitar provocación – en el caso de las señoras- o en posición princesa.

Por otra parte, el movimiento de los brazos, manos y piernas nos delatan constantemente. Una persona que está serena transmite seguridad, mientras que aquélla que se mueve constantemente refleja nerviosismo, irascibilidad, inseguridad y falta de control. Mientras hablamos, debemos acompañar lo que decimos con gestos con las manos, es más, son muchas las personas que mueven las manos de una forma u otra para distraer al interlocutor de lo que se está diciendo. Como ejemplo podemos mencionar a Jose María Aznar con las gafas o a Jose Luís Rodríguez Zapatero uniendo y desuniendo las puntas de los dedos.

Cruzarse de brazos puede tener dos significados, bien que estamos enfadados o bien que estamos protegiéndonos de nuestro interlocutor. Al proteger la zona del corazón damos a entender una falta de confianza con respecto a quien nos dirigimos. Teniendo esto presente, podremos emplear dicho gesto según la situación o conveniencia.

Mirada

Como bien dice el refrán, la mirada es el reflejo del alma, por lo que debe ser directa, atenta, y centrarse en los ojos del interlocutor. Muchas veces la desviamos hacia la boca u otras partes del cuerpo, o puede que incluso hacia algún pequeño defecto en el atuendo del receptor. Esto demuestra una falta absoluta de educación, además de ser una grosería.

Mientras hablamos, es importante no mantener la mirada fija en los ojos de la persona con la que conversamos, le estaremos apabullando. Lo ideal es mirarle en un porcentaje del 80% y dejar un 20% para desviar la mirada y dejarle “descansar”. Por otro lado, mirar fijamente, acaba dando la impresión de que ni siquiera estamos enfocando y generamos un sentimiento de desatención hacia quién nos dirigimos.
La voz

El tono de voz refleja nuestra personalidad. Si ponemos un tono demasiado bajo, daremos a entender que somos tímidos, inseguros o indecisos. Además, obligamos a nuestro interlocutor a forzarse a oír lo que decimos. Por el contrario, un tono más alto sugiere dominio del tema, seguridad y mucho autocontrol, facilitando asimismo la tarea de seguir la conversación sin problemas. No podemos caer en el error de pensar que por hablar más alto tendremos más razón. No es una cuestión de volumen de voz sino de tono. Emplear un tono claro, preciso, no titubear de muestra que dominamos el tema y la situación. El grito, aunque pensemos que expresa autoridad, dice todo lo contrario, inseguridad, digamos que equivaldría al razonamiento siguiente:
“ como no estoy seguro de mis argumentos les doy el vigor y raciocinio que les falta a través del volumen.”

La sonrisa

Cuando tenemos que comunicarnos con alguien, la mejor presentación es una sonrisa. Puede que haya que dar alguna noticia incómoda o desagradable, y con una sonrisa siempre es mejor acogida. Además, reflejamos más estabilidad, felicidad y sensibilidad, rasgos muy bien valorados entre los seres humanos.

Una de las características innatas al ser humano es la empatía. No hay nada más contagioso que el estado de ánimo. Tener delante a una persona que sonríe, hace que nosotros de manera inconsciente sonriamos también, al activar dichos músculos, nuestro cerebro es más proclive a producir las sustancias responsables del bienestar. Por así decirlo , al estar felices, ayudamos a ser felices alos demás. LA sonrisa debe ser verdadera y oportuna. En ocasiones, la información transmitida no admite sonrisas. Una sonrisa forzada, es captada al instante por parte de nuestro interlocutor y se genera un sentimiento de desconfianza que puede dar al traste con nuestra negociación.

Estos son los puntos más representativos del lenguaje no verbal, lo que comunicamos sin necesidad de hablar. Si conseguimos solventar las pequeñas incorrecciones que podamos mostrar en este aspecto, el éxito estará garantizado. Y la próxima vez recuerde: una imagen vale más que mil palabras.
Por Ana Jiménez.-

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