viernes, 6 de marzo de 2009

La mantilla española permanece a lo largo de los siglos

Las prendas de vestir de la mujer, han ido adaptándose a la sociedad en la cual, las mujeres que las usaban, se desenvolvían, y son pocas aquellas prendas que han persistido de la forma en la que lo ha hecho la mantilla española. De hecho, no hablamos de una prenda que sólo se ha mantenido a lo largo de los siglos tal y como nació, sino de una prenda que ha traspasado fronteras.
La mantilla es una variación del velo que antiguamente las mujeres usaban a modo de abrigo o de adorno. No era un elemento decorativo de la alta sociedad sino del pueblo llano.
Su evolución está condicionada por factores de tipo social, religioso e incluso climático; de echo éste último condicionaba el tipo de material que se usaba para su confección. En las zonas del norte se usaban tejidos tupidos con el fin de servir de abrigo y en las zonas del sur tejidos más ligeros puesto que en este caso su finalidad, entre otras, era la protección del sol.
Las mantillas varían según el tipo de tejido que se utiliza en su elaboración, los más utilizados son la blonda, el chantilly y el tul.
La blonda es un encaje que se caracteriza por ser mate con grandes motivos florales hechos de una seda más brillante. Tiene un tipo de ondulaciones en sus bordes llamadas “puntas de castañuelas”.
El chantilly es un tejido de origen francés en el que también se plasman grandes motivos, pero no son especialmente florales. Es ligero y se considera uno de los tejidos más elegantes.
El tul, es el tejido más habitual, es delgado, transparente, de seda, hilo o algodón. Se considera un tejido de imitación al chantilly y la blonda.
Las mantillas de color se emplean en celebraciones y ceremonias no luctuosas para las cuales se reserva el color negro. Antiguamente las mantillas eran únicamente de color blanco o de color negro. El blanco lo utilizaban las mujeres solteras y el negro las casadas, a excepción de actos como la Semana Santa o ceremonias con carácter funerario donde todas debían llevar el color negro.
El largo debe ir adecuado a la persona que la viste. Por la parte delantera tiene que llegar a la altura de las manos y por la trasera debe sobrepasar escasamente la cadera. Nunca podrá ser más larga que la falda.
En la actualidad su uso más extendido es en las bodas, y debemos saber que si la boda se celebra de día, la mantilla se debe combinar con traje corto y si es de noche o por la tarde con traje largo.
Se debe tener en cuenta que se usa en ceremonias de cierta etiqueta, cuando el acompañante viste de gala o chaqué.
Por Margaux Ventura .-

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