lunes, 2 de marzo de 2009

La Propina

Imagínese que acaba de desembarcar en París, coge un taxi hasta su hotel y el conductor es muy agradable durante todo el trayecto. Cuando llega, un botones le espera en recepción para llevar sus maletas hasta el cuarto. Usted se asea y decide ir a dar un paseo por la capital en busca de un restaurante que cubra sus expectativas. Después de una comida excelente y un servicio exquisito, usted decide visitar la torre Eiffel y los campos Elíseos. Cuando regresa al hotel le apetece descansar y tomar un Champagne, así que llama al servicio de habitaciones que resulta ser muy rápido. Usted se siente como en casa.
Ahora imagínese que acaba de desembarcar en París, coge un taxi hasta su hotel y el conductor es muy desagradable durante el trayecto. Cuando llega usted mismo tiene que subir sus maletas hasta la habitación. Está agotado así que decide asearse e ir a dar un paseo por la capital en busca de un restaurante que cubra sus expectativas. A juzgar por la apariencia, el lugar que había escogido para comer iba a ser excelente, sin embargo tardaron mucho en traer la comida y estaba fría. Además su camarero no era capaz de servirle el vino sin derramarlo por todo el mantel. Algo descontento usted decide visitar la Torre Eiffel y los Campos Eliseos. Cuando regresa al hotel le apetece descansar y tomar un Champagne, llama al servicio de habitaciones, pero no les queda ninguna botella; pide entonces un vino blanco. Cuando se lo traen han pasado veinte minutos y ya ni siquiera le apetece. Sólo quiere llamar a su familia y olvidarse de aquel día.
En España no es obligatorio dejar propina, pero resulta una buena manera de agradecer el servicio que se nos ha dado, siempre y cuando haya sido satisfactorio. La Real Academia de lengua Española define propina como agasajo que sobre el precio convenido y como muestra de satisfacción se da por algún servicio.
La propina es en definitiva una muestra de gratitud por eso dejar la calderilla que le sobra en la cartera podría resultar ofensivo. Del mismo modo, excederse al dar la propina resultaría ostentoso. Lo más apropiado sería dejar el 10% de lo que pagó. Si el servicio le pareció excelente puede dejar más. Al botones que le ayudó a subir las maletas amablemente o a los empleados del servicio de habitaciones de un hotel, les dará la voluntad.
Son muchas más las ocasiones en las que podríamos dejar propina, al aparcacoches de un restaurante o de un hotel, al acomodador que le guía hasta su asiento en el teatro, al chico que le lleva la compra del supermercado a casa, al encargado del ropero (si fuera gratuito),o al sommelier de un restaurante.
Cuando se trata de propinas, hemos de tener cuidado, pues cada país tiene su cultura y sus normas. En Estados Unidos, por ejemplo, la propina no es opcional, es obligatorio dejarla siempre y cuando el servicio haya cumplido los requisitos mínimos.
Nos pasamos todo el día pensando en cómo se debe comer, cómo deben vestir las camareras, cómo debe servir el mayordomo… Y nos olvidamos de un punto importantísimo de las buenas maneras: la propina. ¿Cuánto dar y cómo darla? Siempre con discreción.
Por Ana Jiménez.-

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